Sucre y Momo (primera sesión fotográfica)
(Momo es la negra, Sucre la de manchas)
Bueno!! Poco a poco, nos vamos adaptando al piso nuevo (todos, los humanos y los felinos) y aunque aún hay mucho que organizar y paquetes por deshacer, la cosa cada vez tiene mejor pinta.
Menos mal que ya nos han instalado internet, porque me acuerdo mucho del blog (mi adicción a los cotilleos no acabará nunca), y me daba rabia no poder participar en los comentarios que han ido surgiendo.
En fin, al lío.
Este post es la presentación de las dos bolas de pelo que se han incorporado a la unidad familiar.
Como ya os conté, me encontré a las dos gatitas en la calle, con su cesta y todo (aunque muy sucias y llenas de pulgas). Supongo que será la historia de siempre, una camada de gatitos y un dueño que no sabe donde colocarlos... otro día escribiré sobre la castración de los animales de compañía, que es un tema que da mucho que hablar.
Bueno, el caso es que Santi y yo llevábamos cuatro meses pensando en adoptar una pareja de gatos cuando nos fuéramos a vivir juntos, y ya lo teníamos muy decidido, queríamos que fueran gatos adultos, que tienen menos posibilidades de ser adoptados y son ya más tranquilos que los bebés... ya había mirado varias protectoras y todo.
Pero como siempre, las cosas surgen cuando menos te lo esperas, y al día siguiente de firmar en contrato de alquiler, aparecieron Sucre y Momo, muy oportunas.
Ese mismo día decidimos hacernos cargo de ellas.
No voy a ponerme a hablar mucho de si adoptar a un gato o un perro es una agresión a sus derechos, porque la verdad, me parece un debate algo absurdo. Ojalá los humanos no tuvieran animales en sus casas y todos fueran libres, pero en la actualidad, un perro y un gato, no tienen muchas posibilidades de salir adelante en la calle. La vida media de un gato callejero es de 1 año y medio, cuando pueden vivir hasta 18 años en un hogar. En la calle se exponen a enfermedades y maltrato por parte de cualquier energúmeno que se cruce con ellos.
Si hablais con alguien que trabaje en una protectora, os podrá contar la de atrocidades que han llegado a ver (Este problema tiene mucho que ver con la castración...).
Bueno, que me voy por las ramas.
El tema es que ahora Sucre y Momo, forman parte de nuestra manada, y que mos sentimos como unos padres con ellas. Son animales increíbles, al mirarlas, es que me reafirmo constantemente en mi decisión de hacerme vegana. Está claro que sienten y que perciben todo su entorno. Se divierten, se aburren, buscan compañía, se asustan, sienten curiosidad... Cuando las tengo encima dormidas, confiadas, y les levanto una de sus patitas, para examinarla anatómicamente, y admirar su perfección, me doy cuenta de la fragilidad de sus cuerpos, y pienso en todos los animales que viven con miedo, y que tanto su integridad física como psicológica es agredida y arrebatada constantemente.
Y me asombro a mi misma, pensando cómo la gente no se da cuenta de esto, como se acepta que un individuo es comida, por ejemplo, sin tener en consideración su dolor, y lo veo tan claro que me choca mucho. La patita de Momo, podría ser una alita de pollo... que malestar me entra cuando pienso en esto, teniendo su patita en mis manos y mientras ella duerme segura de que nadie le hará daño.




Casualmente, hemos acogido temporalmente a mi amigo M (que bien que sea vegano también, así da gusto)y a sus dos compañeros felinos, Atreyu y Santi (si, como mi novio), asi que estamos en unos 50 metros cuadrados tres humanos y cuatro gatos, y aunque es mucho jaleo, es muy divertido y emocionante ver como los gatos mayores, cada día se encariñan más con las enanas. Es como la casa de los Aristogatos, han conquistado el territorio (sobre todo el sofá y el cuarto de baño). Otro día os presento a los invitados, que son un puntazo.
Bueno, ya basta por hoy, que estamos todo el día hablando de gatos sin cansarnos y a lo mejor a vosotros os aburre.
Helena y Conchi dijo
Nos sentimos muy identificadas con lo que cuentas en este post tan increíble...Con nosotras vive Ego y es cierto que cada vez que lo miramos sentimos esa sensación especial, esas ganas de protegerle de todo, esa felicidad infinita. Y también es muy cierto que al mirarlo sentimos una profunda tristeza por tod@s aquell@s animales no humanos esclavizad@s y tratad@s tan injustamente. Nos ha emocionado tu post y las fotografías son preciosas!. Sigue con tu blog que nos encanta y un saludo para esa nueva familia que habeis formado.
9 Octubre 2006 | 12:34 AM